La misión de los jesuitas en Guayaquil - En lo Social

31 de julio: Memoria de San Ignacio de Loyola

Fiesta del Santo Fundador de la Compañía de Jesús.

 

Más que la Compañía de Jesús, el gran legado de Ignacio de Loyola al mundo y a la Iglesia son los Ejercicios Espirituales. De este itinerario espiritual, de encuentro con Dios en profundidad y desnudez, nace y se perpetúa la Compañía. En la Segunda Semana, para contemplar los Misterios de la Vida de Jesús, San Ignacio nos coloca, como uno de los Preámbulos, "demandar lo que quiero: será aquí demandar conocimiento interno del Señor, que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga".

 

"El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz de cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?". Exigencia de amor y seguimiento que escuchamos hoy en la lectura del Evangelio de San Lucas y que llevó, por ejemplo, a Francisco Javier al oriente donde encontraría tempranamente la muerte por la adversidad y su austeridad en las condiciones de vida y el exceso de trabajo apostólico; o a Pedro Claver constituirse en defensor y protector de los negros, cazados como animales y traídos desde África en inhumanas condiciones, en Cartagena de Indias de tal forma que al pronunciar sus últimos votos el 3 de abril de 1622 se autoproclama "esclavo de los esclavos negros para siempre"; y más recientemente a Alberto Hurtado Cruchaga, apóstol y servidor de los pobres en Santiago de Chile; a Rutilio Grande, servidor de comunidades campesinas en El Salvador, Consejero Espiritual y Confesor del Obispo de San Salvador asesinado mientras celebraba la Misa y hoy Beato Oscar Romero de América, asesinado él también con dos catequistas por miembros del Ejército en una emboscada cuando se dirigía a celebrar la Eucaristía en una comunidad del campo; o a Luis Espinel, comunicador y defensor de los Derechos Humanos en Bolivia, secuestrado y asesinado, cuyos despojos mortales fueron arrojados al borde de la carretera que del Aeropuerto El Alto conduce a La Paz, y donde el Papa Francisco en su visita a ese país, en julio de 2015, detuvo toda la caravana para elevar allí una oración.

 

El compromiso social del jesuita, y de hombres y mujeres que hacen suya la espiritualidad ignaciana, surge inequívocamente del amor al Señor Jesús y del deseo intenso de seguirlo. Este amor y el afán de servicio, en todo Amar y Servir, se hace realidad en nuestros hermanos que sufren, con quienes Cristo Jesús se identifica: Vengan benditos de mi Padre porque tuve hambre y me dieron de comer, desnudo y me vistieron, enfermo y en la cárcel y me visitaron... (Mateo 25). Bellas son las palabras del Magisterio Eclesiástico Latinoamericano en su III Conferencia en Puebla de Los Ángeles: "Comprobamos, pues, como el más devastador y humillante flagelo, la situación de inhumana pobreza en que viven millones de latinoamericanos expresada, por ejemplo, en mortalidad infantil, falta de vivienda adecuada, problemas de salud, salarios de hambre, desempleo y subempleo, desnutrición, inestabilidad laboral, migraciones masivas, forzadas y desamparadas, etc. La situación de extrema pobreza generalizada, adquiere en la vida real rostros muy concretos en los que deberíamos reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela: niños, ancianos, jóvenes, indígenas, afroamericanos ..." (Nos. 29-39).

 

No olvidemos la Parábola del Buen Samaritano, respuesta de Jesús ante la pregunta ¿Y quién es mi prójimo?, por lo cual los Obispos en la Conferencia de Aparecida nos invitan a ser una Iglesia Samaritana. Tampoco dejemos pasar por alto la tradición de la Iglesia en la VI Estación del Viacrucis, cuando una mujer llamada Verónica limpia el rostro ensangrentado de Jesús. Por extensión, ¿estamos llamados también a ser una Iglesia Veronicana y limpiar el rostro sudoroso y ensangrentado del Señor, producto de la exclusión?

 

A lo largo de los años, la respuesta a estos acuciantes llamados del Señor en sus preferidos, los pobres, va tomando formas diferentes: "No podemos dar respuesta a los problemas de hoy con soluciones de ayer" nos repetía continuamente nuestro querido Pedro Arrupe y Gondra, General de la Compañía entre 1965 y 1983.

 

Así, la Provincia Ecuatoriana en su Planeación Apostólica 2017 - 2020 nos invita a trabajar por la Inclusión, sabiendo que "la exclusión de personas de la participación en los beneficios de la sociedad no es para la Compañía de Jesús en Ecuador un hecho natural. La exclusión social es el producto de una construcción histórica: es obra humana. La entendemos no sólo como la insatisfacción de necesidades humanas fundamentales, sino, sobre todo, como la falta de acceso a derechos humanos que permitan vida digna. Nuestra respuesta debe ser la promoción, defensa y restitución de derechos con el fin de que las barreras humanas sean progresivamente influenciadas y cambiadas por estructuras incluyentes".

 

Estos es lo que estamos haciendo y queremos hacer en Hogar de Cristo: con nuestro trabajo y el trabajo y apoyo de ustedes y muchas otras personas de Guayaquil, del país entero y del extranjero, estamos contribuyendo a la restitución de derechos de personas en pobreza y exclusión porque vemos en ellas el rostro sufriente de Cristo Jesús a quien queremos Amar y Servir. No es sólo vivienda de emergencia, es también acceso al suelo urbano, generación de ingresos que les permita mejorar sus niveles de vida, ruptura de fronteras discriminatorias, capacitación y emprendimientos económicos, en fin todo aquello que lleve a nuestros hermanos a un buen vivir.

Que San Ignacio de Loyola continúe iluminándonos.

 

 

Que el Dios de la Vida y del Amor los bendiga y nos bendiga a nosotros también.

 

 

 

 

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