Juramento a la Bandera

 

Buenos días Padre Fabricio Alaña, autoridades del plantel, padres de familia, personal docente, administrativo y de servicio, compañeros y hermanos de la promoción 57.

 

Hoy es un día muy especial en el que nos llenamos de civismo y orgullo, levantamos la cabeza y con mucha emoción nos declaramos ecuatorianos al comprometernos con nuestro país a seguir cuidándolo y amándolo, a defender y serle fiel a esta bandera tricolor, símbolo que nos diferencia de entre las otras naciones y que es la misma que ondearon nuestros compatriotas aquel 24 de mayo para convertirnos en el estado libre y soberano que hoy nos representa.

 

Para nadie es desconocida la crisis a todo nivel que enfrenta nuestro país en los ámbitos económico, social y político. Esto es el producto de décadas de problemas aún sin solucionar que no nos dejan progresar, como la falta de educación en principios y valores, por citar uno. Nuestra sociedad cada vez se hace más indiferente e intolerante, y esto más temprano que tarde debemos cambiarlo. 

 

Somos la siguiente generación de ciudadanos y el compromiso que hemos asumido tiene que ser orientado a nuestra sociedad actual y futura. Desde hoy tenemos el deber de dedicarnos a cambiar nuestra realidad, buscando eliminar esa indiferencia que nos hace daño en pos de encontrar el bien mayor.

 

El Juramento a la Bandera, acto solemne al que hoy asistimos, no es otra cosa que un recordatorio del significado de los símbolos de la patria: el escudo, su himno y su bandera, expresiones máximas de nuestra nacionalidad. Para quienes nos sentimos privilegiados es una práctica de auténtica nobleza, gallardía y amor sublime; aquí están presentes las virtudes de la vida y los principios que como sociedad nos hacen dignos de una patria.

 

El amor a la patria es un valor cívico que nace en nuestros hogares, se lo nutre en la escuela y en el colegio, y se lo perfecciona finalmente al llegar a ser personas útiles para la sociedad. Sin embargo, va más allá de simplemente identificar nuestra bandera con su escudo, o saberse de memoria el himno. Este amor incluye derechos, sí, pero también obligaciones como las de trabajar en conjunto para que todos tengamos las mismas oportunidades en un ambiente de orden, justicia y paz, sin privilegios mal habidos.

 

Un verdadero patriota, amante de su patria, puede quejarse de su nación observando sus carencias y deficiencias, pero al mismo tiempo busca y propone los medios para solventarlos. No es posible que simplemente nos limitemos a contemplar como el país se hunde cada día sin hacer algo al respecto.

 

Sé que muchos de nosotros anhelamos ese día en el que hayamos logrado las metas propuestas y seamos profesionales. Algunos soñamos con ser ese ingeniero inconforme que desea mejorar lo que ya existe, otros sueñan con ser ese abogado que haga de la justicia su práctica diaria; hay también las que sueñan con ser esa arquitecta que diseñará verdaderas obras de arte o esa doctora que salve vidas. Pero lo que seguramente todos tenemos en común es ese sentimiento de dejar una huella perenne por las cosas buenas que hayamos hecho en nuestras vidas. No obstante, siempre buscando la excelencia en nuestro porvenir, en el bienestar de nuestro prójimo que al final es el de nuestra patria misma y buscando cumplir la forma del pensamiento ignaciano: “ser más para servir mejor”

 

Este Ecuador diverso es nuestro país, al que le debemos nuestro amor y compromiso. Nunca debemos olvidar este juramento que estamos haciéndole hoy.

 

Gracias.

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