Tú nos lo diste, a ti Señor te lo entregamos

05/07/2018

- En memoria del P. Pedro Barriga S.J. -

 

Queridos amigos, familia javeriana:

 

La partida de nuestro maestro, guía y amigo, padre Pedro Barriga Baquero, es motivo para que, presididos por nuestro señor Jesús, estemos aquí congregados, no tanto alrededor del cuerpo de nuestro amigo que, como los nuestros, es frágil y efímero, pero si bajo la mirada atenta y bondadosa de su espíritu que, seguramente, vela sobre nosotros.

 

Nadie dejará de evocar durante su vida la imagen y la personalidad de Pedro Barriga. Los ex-alumnos de la primera promoción lo recordaremos, sobre todo, como el Prefecto de Disciplina, por su postura muy firme y por su genio que, a nosotros, adolescentes  medio rebeldes en ese entonces, puede habernos parecido  poco condescendiente. Pero, con el paso del tiempo, nos damos cuenta de que nos ayudó a ser personas rectas, respetuosas y organizadas. ¡Cuánto le debemos, querido padre Barriga!

 

También creemos que un gran aporte al grupo de la primera promoción fueron sus clases de ética y lógica, que, aunque las recibimos un poco somnolientos, formaron nuestras mentes y delinearon nuestras vidas.

 

No siempre fuimos todos muy sumisos a sus disposiciones. Como recuerdan varios compañeros de la primera promoción, alguna vez, estando en sexto curso –hoy llamado tercero de bachillerato-, el Padre Barriga nos castigó por un alboroto que provocaron en el comedor alumnos de las promociones inferiores. Ante tal “injusticia” algunos tomamos el desquite de no asistir al comedor al día siguiente. Él recabó la lista de los que no habían tomado el almuerzo y, en estricta justicia, sólo a éstos aplicó una nueva sanción. Los demás quedaron libres.

 

Luego de tantos años de ausencia, cuando retornamos al colegio, convertidos en profesionales y padres de familia, en busca de opinión, consejo y apoyo, descubrimos al Pedro Barriga amigo, que nos mostró su cariño y preocupación por orientar nuestras vidas y ganarnos para Cristo. Así, por ejemplo, el pasado 20 de abril, en que nos recibió en visita a José Estrada y a mí, con su mente siempre lúcida y atenta a darnos el mejor consejo, sus palabras de despedida fueron: “Trabajen muy duro por formar en los jóvenes un sólido espíritu cristiano, iluminado por la luz de nuestra Madre Dolorosa”.

 

Una obra por la que el padre Pedro Barriga será, sin duda, recordado por muchos ex alumnos y por muchos sectores de nuestra sociedad, es la casa de ejercicios espirituales “San Francisco Javier”, misión a la que él dedicó toda su energía y preocupación durante los últimos veinte años de vida, y que ayudó a muchos a recibir la luz de la fe y el fortalecimiento de sus almas.

 

Estar reunidos, como ahora, es oportunidad para, mirar hacia nuestro interior y reflexionar sobre el sentido del acontecimiento que nos congrega; en este caso la partida del padre Pedro Barriga. Nos preguntamos, ¿qué significa en nuestras vidas la ausencia definitiva de quien ha partido?

 

Para la parte humana de nuestra naturaleza, tan cargada de debilidades y carencias, la ausencia definitiva de un familiar, amigo, maestro tan querido, significa vernos privados de su presencia, sus valores y el afecto con que nos confortaba, alentaba y ayudaba a llenar este rincón de soledad existencial que cada uno lleva, aunque no se dé cuenta.

 

Estamos hechos de tal manera que, a pesar de la fe y la esperanza de vida eterna junto a Dios, no podemos dejar de acongojarnos, lamentarnos y llorar cuando un ser querido se marcha. ¡Claro! Si hasta Dios Hijo, hecho hombre, lloró ante la tumba de su amigo Lázaro. Porque Jesús tenía un corazón de carne y sangre, como el de ustedes, como el mío. Pero, como sabemos por el Evangelio, después de llorar la muerte de su amigo, Jesús lo resucitó y continuó su obra evangelizadora y redentora, sin detener su misión.

Nosotros: familiares, compañeros, amigos, ex alumnos del padre Pedro Barriga, formados por su ejemplo, cátedra, prédica y consejo, somos cristianos, es decir: seguidores de Cristo; y si, como dijo San Bernardo: “De poco le sirve al hombre seguir a Cristo si no lo alcanza”, así debemos imitar y alcanzar a Cristo: lloremos, pues, y lamentemos la partida de Pedro, pero pidamos a Dios Padre fortaleza y valor para continuar la vida, la obra  y la misión que cada uno tiene asignadas, en la familia, la iglesia, el trabajo, la sociedad.

 

Sea, sobre todo, nuestro consuelo, el pensar que, como dijo ayer una piadosa persona amiga: “Hoy día hay fiesta en el cielo por la llegada de Pedro Barriga”.

 

Todos deseamos, sin duda, rendir el mejor tributo póstumo a nuestro querido familiar, amigo, maestro, guía. Por eso vienen a mi mente estas palabras de San Agustín: “Las lágrimas se evaporan, las flores sobre la tumba se marchitan, nada queda. Pero las oraciones Dios las recoge y las conserva”.

 

Sigamos, pues, este consejo y elevemos a Dios nuestra oración: Padre misericordioso, acoge el alma de nuestro hermano Pedro. Derrama sobre él tu misericordia, y premia su vida dedicada a salvar almas para tu reino. Recíbelo en tu seno y concédele compartir tu gloria eternamente.

 

Que así sea.

 

Discurso por:

MGS. Abel Albán - Ex-alumno de la Primera Promoción del Colegio Javier

 

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