De la contemplación del amor en tiempos de pandemia

 

Guayaquil ha sido una de las ciudades más afectadas por el Covid-19 en Ecuador: cientos de personas han muerto en medio de múltiples condiciones lo que ha dejado en evidencia que, los seres humanos, todos, somos vulnerables ante condiciones biológicas que pueden afectar nuestra permanencia terrenal. El contexto inmediato de quedarse en casa como anuncio imperativo de cuarentena, entre los meses de marzo y abril (y aún continúa), afectó el inicio formal del año escolar 2020-2021. Afectos como la angustia y el desasosiego han sido una constante alarma para quienes atendemos y acompañamos a personas en el marco de la psicología clínica. También el terapeuta está enfrentado con su propio malestar pues no es inmune al dolor, en contraste a la creencia extendida de que los psicólogos y afines deben estar sonrientes las 24 horas.

 

Por otro lado, para quienes desempeñan diversas funciones dentro de las instituciones educativas, ha sido un desafío enorme poder construir nuevas condiciones donde sea posible el encuentro de los estudiantes con el conocimiento, a pesar de la distancia física. No es solo contar con los recursos tecnológicos y de internet pues, si fuese solo eso, hace mucho tiempo que no tendría sentido sostener los lugares y centros de estudios, lugares donde es posible el encuentro y los vínculos sociales. Si algo podemos extraer de este tiempo de cuarentena mundial es de la importancia de los vínculos humanos, aunque es necesario reconocer, que existen vínculos que denigran también la dignidad humana. De ahí que no solo se trata de memorizar datos, aprender teorías, alcanzar diplomas sino del “sentir y gustar internamente de las cosas” que permita un encuentro con el amor y el respeto hacia los otros. Estoy convencido de que en el vínculo educativo se posibilita el impulso de convertirnos en mejores seres humanos.

 

En cuanto al tiempo, éste se ha visto afectado. En mis primeras clases virtuales con estudiantes de Bachillerato ha sido una constante poder evidenciar cómo, de diferentes maneras, el tiempo cronológico se ha alterado pues las rutinas diarias se han reducido al interior de la casa. Han existido también las iniciativas propias de los adolescentes de crear sus propios horarios con diversas actividades como lecturas, deportes, contacto virtual con sus amigos. Y en esa cercanía subjetiva generada por el inicio de las primeras clases virtuales, las palabras de los estudiantes. Soy exalumno y colaborador ignaciano de la Unidad Educativa Javier (Guayaquil, Ecuador) desempeñando funciones de psicólogo y consejero dentro del Departamento de Consejería Estudiantil. me hicieron pensar en la trilogía de El Señor de los Anillos por lo que llevé la referencia literaria, con el apoyo cinematográfico, de una delicada escena: «Me gustaría que no hubiera tenido que pasar en mi época», dijo Frodo. «A mí también», dijo Gandalf, «y a todos los que viven para ver tiempos así. Pero no pueden decidir ellos. Todo lo que tenemos que decidir es qué hacer con el tiempo que se nos otorga». Mis estudiantes se percataron de que esta delicada reflexión es una metáfora de lo que ha acontecido en sus vidas y, para mi gran suerte, uno de ellos ha sido fan de esta trilogía. El Señor de los Anillos no es nada más ni nada menos que la semblanza de un camino interior que puede ser cuesta arriba. El anillo que debe destruir Frodo representa el poder y la corrupción, siendo el mismo Frodo la única esperanza para salvar al mundo. Y, todo esto, me ha causado una enorme consolación: mis estudiantes han podido referir de sí mismos sobre el camino interior que han tenido que ir recorriendo para llegar al día de conectarse a una pantalla y dar inicio al año escolar. Hoy ellos saben que se encuentran en medio de un tiempo que va a marcar un antes y un después en nuestra humanidad. También saben que representan al pequeño grupo de afortunados, de Elegidos, que pueden continuar con sus estudios: muchos jóvenes de nuestro país no podrán acceder a una educación integral por diversos motivos.

 

El tiempo de la pandemia no lo han podido elegir, pero ahora saben que lo único que pueden decidir es qué hacer con el tiempo que se les ha otorgado. Les he recordado a Ignacio, a este Santo que ha atravesado sus años escolares al ser estudiantes de un colegio jesuita. No es una experiencia educativa más: lo puedo afirmar con enorme alegría interior al ser exalumno de la misma institución educativa en la que ellos se encuentran ahora. Hace muchos años atrás, la cinematografía de El Señor de los Anillos llegó a mi vida luego de haber realizado el mes de Ejercicios Espirituales. Pensaba en ese tiempo, al ver a Frodo, que San Ignacio también hizo una elección luego del accidente que sufrió y lo llevó a contemplar al Amor: “el amor se debe poner más en las obras que en las palabras” (E.E. 230). Pero para llegar a este descubrimiento a la luz de Dios, le fue necesario un recorrido y una lucha interior, siempre en Compañía. Por eso, hoy más que nunca, sabemos que las dificultades de este tiempo las caminamos y superamos entre todos.

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06/16/2020

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