• Unidad Educativa Javier

"Heridas que transforman corazones" Triduo a San Ignacio de Loyola

Updated: Aug 9



Con un corazón agradecido toda la familia javeriana vivió tres días llenos de muchas experiencias, académicas y pastorales. Este triduo en honor al fundador de la Compañía de Jesús tuvo un tinte particular, pues su eje central fue el cierre del Año Ignaciano, donde recordamos los 500 años del proceso de Conversión de San Ignacio de Loyola.


Para seguir preparando nuestra mente y nuestro corazón, al iniciar la jornada escolar los maestros junto a sus estudiantes vivieron espacios de oración donde a la luz de la vida de San Ignacio de Loyola pudieron ir reconociendo el paso de Dios en su vidas durante este tiempo. En ese espacio de reflexión comunitaria nos permitió ofrecer al buen Dios de la vida todo el trabajo realizado durante cada día del Triduo.


Durante la jornada escolar la alegría y dedicación se hizo notar en los rostros de los estudiantes y docentes, quienes con mucho cariño y esfuerzo habían preparado varias presentaciones de diversas materias vinculando siempre ese tinte ignaciano que nos caracteriza. El regresar a los pasillos, a las canchas, salones, etc., luego de las restricciones de la pandemia nos permitió comprender que el buen Dios no nos abandona, siempre a raíz de una herida nos ayuda a ver nuevas las cosas y así transformarlas.


El último día del Triduo, desde el área de Pastoral para fortalecer lazos de fraternidad con las obras de la Compañía de Jesús en el territorio Guayas, se realizó una Feria de obras, donde participaron delegados de FASMAD, Fe y Alegría, Red Juvenil Ignaciana, Comunidades de Vida Cristiana, además de stands donde niños y jóvenes de la institución nos mostraron algunos datos significativos de la vida de San Ignacio. Este espacio fue muy significativo para todos, pues luego de tanto tiempo permitió que nos volvamos a encontrar y compartir esa misión en común a la que nos invita la espiritualidad ignaciana.


Para finalizar estos tres días de compartir y de agradecimiento por tanto bien recibido a pesar de todo lo que vivimos en la pandemia, se celebró una Eucaristía, donde con alegría y esperanza recordamos la vida de San Ignacio, pero sobre todo las enseñanzas que él dejó, de luchar, ir contra corriente, sacar provecho de nuestros dones y talentos para ponerlos al servicio del otro, donde como comunidad nos comprometemos a construir un mundo más justo y reconciliado atendiendo los desafíos a los que se enfrenta en la actualidad.


Aunque el Año Ignaciano ha finalizado y con ello el Triduo en honor a San Ignacio, aprovechemos todas las experiencias de este tiempo, no dejemos que una herida no nos permita avanzar, y con ese legado del este “loco por Cristo” como llamaban a San Ignacio sigamos viviendo y fortaleciendo toda nuestra identidad ignaciana, buscando siempre “Ver nuevas todas las cosas en Cristo”



Carolina Aranda, MSc.

Jefe de Pastoral


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